Capítulo 3. Esa sensación.

Y no encuentro mejor forma para describirla que esta canción

I wanna do bad things with you… I wanna do real bad things with you

Por que yo quiero. Y se que tú también. Me lo dicen tus ojos, cuando bajas la mirada para protegerte, para que no me de cuenta de lo que quieren decir y no les dejas. Pero los ojos no saben de mentiras, ni tus manos, ni tus besos.

Podemos hacer que no pasa nada, que no ha pasado nada, comportarnos como extraños, cada uno a lo suyo, y si te he visto no me acuerdo. Pero me niego, no quiero, no estoy dispuesta a quedarme sin eso, sin esto, sin ti. Y menos aún cuando tu mirada me dice quédate aquí.

Te alejas de mi para protegerte de tus miedos, no te atreves a dejarte llevar, tengo que ponerte en el límite para que no tengas tiempo de pensar en nada mas que ahora. Por que cuando lo haces pones barreras, le das demasiadas vueltas a lo nada importante, piensas que así será mejor. Qué equivocado estás!

Dime que no se te aceleró el corazón cuando me tumbé a tu lado. O cuando me rodeaste la cintura con tus brazos. O cuando hablábamos a oscuras en esa habitación a milímetros de distancia. Me besaste con ganas, las que llevabas guardándote tantos meses, las que te niegas a aceptar que nos tenemos.

Pero tú seguirás jugando a tu particular tira y afloja. Y lo peor de todo es que la paciencia no es infinita. Y puede que yo me canse de jugar, de esperar que decidas lanzarte a la piscina cuando todo el mundo te mire. Dentro de las burbujas se esta muy bien, pero no se siente nada, puedes verlo todo, pero solo eso.

A ti podrás engañarte, a mi no. Y de momento no me rindo. No me resignaré a quedarme con los brazos cruzados esperando que se te conecte el cable que has cortado. Tengo alicates, cinta americana, y la chispa que te hace falta.

También puede ser que yo sea muy caprichosa y lo quiero todo ya, que ahora no sea el momento. Pero ¿a caso alguien quiere esperar a vivir?. No pongas frenos, vive el momento, disfruta, ríe, salta, besa, abraza, llora, grita, canta, baila…

Por que…

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Nos leemos pronto.

M.

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Capítulo 1. ESA NOCHE.

Me he puesto esta canción en repeat para contaros quien es él. Y que pasó ESA NOCHE.

Todo empezó hace 5 semanas, yo sabía quien era él, pero él no sabía quien era yo. Curioso. Teníamos amigos/conocidos/colegas en común y la verdad que tardamos mucho en coincidir, viviendo en una ciudad tan pequeña. Pero ese día llegó, nos intercambiamos los teléfonos y ahí comenzó nuestra aventura, aunque yo no lo sabía.

Si os soy sincera, no tenía ningún interés especial por él, simplemente me dejé llevar. Me hablaba de vez en cuando a ver si podría sacar un rato de mi ocupada vida para tomarnos una cerveza y charlar, cara a cara, como de verdad se conoce (o se cree conocer) a las personas. Y durante tres semanas me fue imposible, estaba liadísima con el trabajo, la universidad, la vida en general, la familia en particular, y mi escasa vida social se la quería dedicar a mi gente, no a ese “notandesconocido” que acababa de tocar a la puerta.

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Pero el día llegó. Llegó el momento que le dije, hoy tengo tiempo para ti, para nosotros, para esa cerveza, y lo que venga. Aunque suene absurdo, ese chico se había ganado algo de mi confianza, acordándose de cada entrega, de cada examen, deseándome suerte, diciéndome tú puedes, y sin recibir nada a cambio. Si señores (y señoritas) se lo había currado, y yo tenía ganas de devolvérselo con creces. Hacerle sentir especial el rato entre sonrisas y botellas de vidrio, tal y como él había hecho conmigo ese tiempo atrás.

Llegué con mi coche al centro de nuestra ciudad, aparqué en un hueco en el que mi coche no cabía, con la rueda encima de la acera, y él, entre risas e incredulidad me decía, ¿pero lo vas a dejar así? ¡estas loca!. A lo que le respondí con una tímida sonrisa, es sólo una cerveza ¿no?. Y nos fuimos.

Caminamos hasta un bar de “mi territorio”, nos sentamos en una mesa y cambiamos las cervezas por dos copas, la mía ron con limón, la suya ron con coca cola. Y hablamos, hablamos mucho, tanto como para que otras dos mas pasaran a formar parte de la mesa, y otras dos mas. No había quien nos parara, ni nos callara, incluso nuestros ojos decían lo que ni aún el alcohol dejaba salir, por que no hace falta que os cuente lo que el alcohol nos hace decir, a estas alturas de nuestras vidas.

Cerraron el bar, cerramos el bar. Y con nuestras copas en un recipiente menos “glamouroso” nos fuimos a un banco a seguir descubriendo cosas de ese mundo que teníamos en común. Y allí llegó “La Conversación“. Esa que no te esperas ni por asomo, que no piensas que pueda existir en una primera cita, porque amiga, no intentes engañarte a ti misma, eso era una primera cita. Y no me molestó. No me sentí incomoda hablando de sentimientos, por supuesto nada profundos, pero sentimientos al fin y al cabo. Y a él se le veía dispuesto, seguro de sus palabras, convencido de lo que quería. Y ahí estaba yo, dejándome llevar otra vez. Si hubiese tenido un aparatito para detener el tiempo y pararme a pensar, no habría dejado salir la mitad de palabras, por miedo, por eso de que las cosas hay que pensarlas antes de decirlas, por firmar un contrato en blanco.

Tampoco prometimos ninguna locura, simplemente conocernos, vivir el día a día sin pensar más allá de los próximos cinco minutos, de disfrutar de tiempo juntos. Quizá a día de hoy esa sea la auténtica locura. O una locura transitoria. Puesto que nos prometimos sólo estar los dos. Sus palabras textuales fueron “No quiero que me hagan daño, he sufrido y no quiero volver a pasar por ahí. Pero me flipas. Sólo te pido que no trates a ningún otro como me trates a mi”.

Y eso llegó dentro, ese chico tenía exactamente el mismo miedo que yo. El mismo miedo que puede tener cualquier persona que ha sufrido por amor alguna vez. A nadie nos gusta que jueguen con nosotros, y lo entendía a la perfección.

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Pero allí no estábamos prometiéndonos la luna el uno al otro, estábamos hablando de sinceridad, honestidad, confianza y respeto. Que cuatro palabras. Que responsabilidad. Y sellamos ese pacto con un beso, el primer beso.

Entre todo esto, se puso a llover y no fuimos capaces de movernos del sitio. No nos importaba. Estábamos él y yo. Y dos vasos vacíos de líquido, pero llenos de ilusión.

Pero todo tiene un final, y el reloj nos dijo que la noche se estaba terminando. Y nosotros en vez de un punto y a parte, le pusimos un punto y seguido.

Y así es como empezó… mi locura transitoria.

Nos leemos pronto.

Día 2