Capítulo 5. Expectativas.

Las probabilidades de éxito de una primera cita son inversamente proporcionales a la cantidad de expectativas puestas en ella

No es nada nuevo que cuando no buscas algo, aparece; como esa camiseta que buscas desmesuradamente en el armario cuando más prisa tienes y no hay manera de encontrarla, y al día siguiente está ahí, frente a ti, riéndose, doblada y con un globo-mensaje encima, “yo de aquí no me he movido, ¿qué estabas mirando?

Pues lo mismo pasa con las personas o las relaciones, pasas de no querer o tener nada, a tener o quererlo todo y después, nada otra vez. Bueno sí, estás tú, mirando hacia ninguna parte, llenándote de preguntas sin respuestas, ya sea porque no quieran dártelas o porque no quieres hacerlas. Y así te quedas, en standby, intentando convencerte de que si las cosas han pasado así es porque así tenían que pasar.

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Pero es difícil no darle vueltas al asunto y preguntarte a ti mismo si es que has hecho algo mal, intentas recapitular cada instante para analizarlo y te acaba invadiendo la rabia, si rabia, por haber confiado en quien no merecía (a la vista de los hechos) de esa confianza. Cuando eres de las personas que solo dice las cosas cuando las siente de verdad, que no regala palabras bonitas para llenar oídos deseosos de cumplidos, que no fuerza sonrisas, abrazos, besos y miradas, sueles creer que lo que ves, escuchas y te transmiten es sincero. Pero no, pasa el tiempo y te das cuenta de que lo que has escuchado de su boca o leído de sus manos eran mensajes vacíos de sentimiento pero cargados de ilusión, de tú ilusión. Que sus besos solo han saciado la sed del momento y que sus abrazos solo eran el peaje a pagar.

No entenderé nunca a ese tipo de personas, ni su juego, ni su premio. Me repito una y otra vez que no volveré a dejar que jueguen con mis sentimientos, que aunque no sean muy profundos o muy fuertes, son sentimientos y son míos. Pero pasa una y otra vez y cuanto más veces pasa, más duele. Porque te vas haciendo en cada una de ellas una coraza más fuerte, más profunda y más pesada, pero siempre llega alguien que la sobrepasa, quizá ese que no esperabas, del que no esperabas nada y que te lo da todo, para de la noche a la mañana dejarte en la nada otra vez, con tu coraza hecha pedazos y el corazón un trozo más pequeño.

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Dicen que la distancia crea indiferencia, pero cómo me digo que por mucho que quiera tenerte cerca, lo mejor para los dos (mi corazón y yo), es que te esfumes lejos de esos pensamientos, continúes con tu vida como si nada hubiera pasado y no sigas haciéndote preguntas que nadie quiere contestar. Es un proceso difícil y doloroso, pues al fin y al cabo estás haciendo algo que ni quieres, ni te gusta, pero por tu bien, es lo que hay.

Jamás imaginé que escribiría estas palabras sobre ti, pues todo lo que me habías hecho sentir parecía real, y hacía mucho tiempo que no había dejado a nadie estar tan cerca de mí, y has sido justo tú al que se lo he dado todo. Me acuerdo de nuestra primera cita, a la cual no estaba muy convencida de acudir, pues no tenía muchas ganas de escuchar a un tipo prepotente, creído y soberbio contándome sus batallitas de hombre, pero decidí darte la oportunidad de demostrarme que la visión que tienen los demás acerca de nosotros mismos no siempre es la correcta. Y de hecho volví a mi casa con una sonrisa en el alma, hiciste que cambiara por completo mi forma de pensar sobre ti, le diste la vuelta a mis expectativas y a partir de ahí, nos fuimos al parque, yo pensaba que para divertirnos juntos, pero ha resultado ser que el juego tenía ganador y perdedor. Y yo me olvidé de jugar por dejarme llevar y disfrutar del momento, de ti y de nosotros.

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No sé si en algún momento tus palabras han sido sinceras, ya hasta he llegado a dudar que tus besos lo fueran, pero la conclusión es que esta batalla la has ganado tú, pero la guerra será mía. No quiero decir con esto que tu propósito fuese hacerme daño, pero te reprocho que sabiendo que me lo podías hacer, no pusieras remedio ni sinceridad de por medio para evitarlo. Sabias de mi propia boca que odio la mentira, y no la mentira que puedas contarle a tus padres de que te vas a estudiar y en realidad estás de cañas, sino la mentira de hacerme creer algo que no sentías, puesto que yo nunca te pedí ni te prometí nada, simplemente te lo di todo.

Te mentiría si dijera que todo lo que hemos vivido no ha significado nada, pero es que no soy de las que mete el pie para ver si el agua está fría, sino de las que corre y se tira en bomba, y como no me gusta decir mentiras, voy a seguir con mi vida, sin esperar nada y deseándolo todo.

M.

Él era de los que hablaban de amor pero solo sabía follar, y ella follaba para desaprender a amar.

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